El cultivo de la vid, único en el mundo, conserva las características primigenias de un procedimiento que permite que, una tierra yerma y calcinada, nazca un vino generoso y refinado, hijo de la lava, fuerte como el volcán, mimado bajo cenizas encargadas de atesorar cada gota de rocío, tan valiosa en una tierra sin manantiales.
Este paisaje extraordinario lo podemos encontrar a los ojos de nuestra Finca rural.